Febrero   2012

Año 3  

inicio julio 2008

Boletín  Digital 

Hogar Don Bosco

 La Plata,

 distribución Mensual

vía mail

Seguí a la Comisión de  Derecho a la Participación en

                   www.comisiondeparticipacion.blogspot.com 

En la Jornada que se realizo en Ezeiza, en la denominada Campaña provincial contra todas las formas de violencia ejercida hacia niños, niñas y adolescentes , donde participaron  chicos de los municipios de Lomas de Zamora, Moreno, Miramar y La Plata  se realizó este video  que los subimos a youtube

 

Prologo del Informe Mundial Sobre Violencia y la Salud

 

El siglo XX se recordará como un siglo marcado por la violencia. Nos lastra con su legado de destrucción masiva, de violencia infligida a una escala nunca vista y nunca antes posible en la historia de la Humanidad. Pero este legado, fruto de las nuevas tecnologías al servicio de ideologías de odio, no es el único que soportamos ni que hemos de arrostrar.

Menos visible, pero aún más difundido, es el legado del sufrimiento individual y cotidiano: el dolor de los niños maltratados por las personas que deberían protegerlos, de las mujeres heridas o humilladas por parejas violentas,

de los ancianos maltratados por sus cuidadores, de los jóvenes intimidados

por otros jóvenes y de personas de todas las edades que actúan violentamente

contra sí mismas. Este sufrimiento, del que podría dar muchos más ejemplos,

es un legado que se reproduce a sí mismo a medida que las nuevas generaciones aprenden de la violencia de las anteriores, las víctimas aprenden de sus agresores y se permite que

perduren las condiciones sociales que favorecen la violencia. Ningún país, ninguna ciudad, ninguna comunidad es inmune, pero tampoco estamos inermes ante ella.

La violencia medra cuando no existe democracia, respeto por los derechos humanos ni una buena gobernanza. Hablamos a menudo de cómo puede una «cultura de violencia» enraizarse. Es muy cierto.

Como sudafricano que ha vivido en el apartheid y vive ahora el periodo posterior, lo he visto y lo he experimentado. Es también cierto que los comportamientos violentos están más difundidos y generalizados

en las sociedades en las que las autoridades respaldan el uso de la violencia con sus propias actuaciones.

En muchas sociedades, la violencia prevalece en tal medida que desbarata las esperanzas de desarrollo

económico y social. No podemos permitir que esta situación se mantenga.

Muchas personas que conviven con la violencia casi a diario la asumen como consustancial a la condición humana, pero no es así. Es posible prevenirla, así como reorientar por completo las culturas en las

que impera. En mi propio país, y en todo el mundo, tenemos magníficos ejemplos de cómo se ha contrarrestado la violencia. Los gobiernos, las comunidades y los individuos pueden cambiar la situación.

Doy la bienvenida a este primer Informe mundial sobre la violencia y la salud, que constituye una contribución

de primer orden a nuestro conocimiento de la violencia y de su repercusión en las sociedades. Arroja luz

sobre los diversos rostros de la violencia, desde el sufrimiento «invisible» de los individuos más vulnerables de la sociedad a la tragedia tan notoria de las sociedades en conflicto. Hace progresar nuestro análisis

de los factores que conducen a la violencia y las posibles respuestas de los distintos sectores de la sociedad, y con ello nos recuerda que la seguridad y las garantías no surgen de manera espontánea, sino como

fruto del consenso colectivo y la inversión pública.

El informe formula recomendaciones para actuar a nivel local, nacional e internacional, por lo que será

un instrumento valiosísimo para las instancias normativas, los investigadores, los médicos, los juristas y

los voluntarios implicados en la prevención de la violencia. Ésta ha sido tradicionalmente incumbencia

del sistema jurídico penal, pero el informe se muestra claramente a favor de que en las iniciativas de prevención participen todos los sectores de la sociedad.

A nuestros hijos, los ciudadanos más vulnerables de cualquier sociedad, les debemos una vida sin violencia ni temor. Para garantizarla hemos de ser incansables en nuestros esfuerzos por lograr la paz, la justicia y la prosperidad no sólo para los países, sino también para las comunidades y los miembros de una

misma familia. Debemos hacer frente a las raíces de la violencia. Sólo entonces transformaremos el legado

del siglo pasado de lastre oneroso en experiencia aleccionadora.

 Prologo de Nelson Mandela al Informe mundial de Violencia y la Salud en el año 2002

 

Leer informe completo aquí